No me siento radiante pero me puedo atrever a decir que me siento mejor.

Siete

Desde que deje de escribir a menudo en este lugar, solo he regresado en ciertas ocasiones a quejarme de lo mal que me va. Sí, por qué lo siento como una forma de desahogo, como un grito desesperado de que alguien -aunque no los conozca o no sean reales- lea lo que me pasa, que tan solo sacarlo de mi pecho me hará sentir bien, aunque muchas veces solo sea temporal.

En este tiempo he tratado de mantenerme optimista, cada vez confiar más en que las cosas van a salir bien, y tal vez solo he tratado y no me he esforzado suficiente. A pesar de eso, he tenido buenos ratos, los cuales muchas veces he contaminado con mi ansiedad otra vez, persiguiéndome. Dejándola que muchas veces me consuma. Mantener el optimismo tras el fracaso es muy, pero neta, muy difícil y mantenerse feliz lo es aún más, pero sigo tratando, sigo diciéndome cada mañana que para eso se inventaron nuevos días y días siguientes, para volver a intentarlo. Porque dejarse vencer a la primera, resulta más fácil pero también resulta más caro. 

Quiero poner todas mis fuerzas en esto, quiero poner todo mi empeño para superarlo, y no rendirme. Ya no tanto por mi solamente, sino por todas las personas cercanas a mi que se preocupan. 
Las cosas buenas que han sucedido en estos meses son enormes comparadas con las cosas malas, que aunque han sido continuas poco a poco puedo ver que se disminuyen. O al menos eso parece. Sé que no he pasado la parte más difícil, se que cada mañana habrá que volver a pensar que lo malo del día anterior ocurrió y se quedo en el día anterior. Que esto es gradual y que no tengo que ponerme triste, ni culparme, ni lamentarme, ni exasperarme por lo que ha pasado. Que es un proceso.

Quiero aprender de esto, que haga de mí una mejor persona, que valore la vida, las personas, las actividades, que me haga entender y sobretodo volver a disfrutar de las cosas que componen a este podrido mundo. Que no puedo cambiar nada aferrándome y sacrificando cosas que ya están establecidas y sobretodo arraigadas, pero si puedo comportarme como un medio deformable que se adapta a lo que sucede, y que esta contento con su alrededor.
Yo no sé a quién le tengo que pedir ayuda. Ya solo estoy pidiendo y tal vez no me este esforzando lo suficiente.
No sé que pasa y no sé si voy mejorando. No me siento mejor que antes, no sé si lo estoy logrando y eso me descontrola.
Ya no quiero nada de esto.
Por mi mente pasan cada tarde los pensamientos que me orillaron a donde estoy, mis recuerdos me hacen ver  que me empezó a disgustar tantas cosas.
No sé que quiero escribir en realidad. Exponerme aquí es algo bastante absurdo.
Si deseo de alguna forma regresar y jamás haber dejado de comer. Si deseo jamás haber escuchado sus estúpidos comentarios, y también anhelo bien cabrón poder recuperar mi salud. Si me arrepiento de no haber acudido antes por ayuda.
Cada mañana significa levantarse y tratar de vencer al miedo de que algo distinto en mi día pueda hacerme daño, que si cambio una manzana por una pera me pueda provocar alguna mala reacción en mi organismo, que si me puedo o no comer algo sin que me haga daño, cada día es tratar de distraerme con lo que sea porque según mis padres y los doctores 'todo esta en mi cabeza'. Y durante el día las cosas no se ven mejor, mi cuerpo se siente incomodo en casi cualquier parte, me duele la espalda, me canso de hacer cualquier cosa, tengo una constante sensación de incomodidad en el vientre y nada desaparece hasta que vuelvo a dormir, a que trato de dejar de pensar en que al día siguiente todo lo anterior se va a repetir.
Estoy cansada, desespera, aturdida, molesta, inquieta, perturbada, temerosa y ya no sé a quien recurrir. No quiero exagerar esta situación, pero creo que nunca me había sentido tan triste y deprimida.
No sé a quien me dirijo aquí, antes eran líneas para mí. Ahora me siento irreconocible.
Ya que paré.