Ella que es como yo.
Tengo esta amistad, con la que no se bien que
hacer o cómo actuar. Es agradable siempre hablar con ella, es agradable porque
las dos somos transparentes, vaciamos nuestros problemas, contando lo que
sentimos o lo que pensamos cuando algo cotidiano o extraordinario ha pasado. O
está pasando.
A veces pienso que una no puede ayudar a la otra,
sin nada más que escuchar, que esa es nuestra herramienta de ayuda y la única
solución que podemos ofrecer. Es más difícil brindar un consejo hacia una
persona en la que te reflejas como en un espejo, escuchando y sabiendo lo que está
pensando, que es lo mismo que tú piensas cuando estas en esas situaciones. Es
confusa. Es difícil aconsejar porque sabes que tu consejo no va a ser muy útil,
que lo más probable es que solo sea una sugerencia y se archive junto a los
demás.
Pasa que no es que no los quiera escuchar o
utilizar, en realidad no cree en que vayan a funcionar, es que acaso no lo
quiere solucionar o que solo lo quiere ignorar.
Tengo esta rara amistad, que me hace llorar la
mayoría de las veces que nos vemos y platicamos, pero que al final terminamos
desahogadas y descansadas. Algunas veces siento en que no soy una amistad útil,
que me gustaría brindarle algo más que mis frases triviales. Pero me descompone
escucharme diciéndole a otra persona lo que yo misma tengo que hacer primero.