Ulises.
Sonreía porque tenía una pequeña satisfacción de encontrarse lejos. Sabiendo
en que iba a desbordar las letras, dentro de líneas privadas. Casi siempre se traspapelan
y se quedan perdidas en hilos de pensamientos vespertinos que no llevan a una
idea concreta.
Se sentía avanzando en las cortinas, descubriendo que la habitación es más pequeña de lo que la recordaba, pudiendo parar a recordar lo que eran esos rincones prefirió ordenarlos. Los sacudió y con el polvo se le fueron las memorias. No se tiran los recuerdos, se atesoran.
No había estado tan cómodo de leer artículos científicos en las mañanas con café caliente y escudriñando en las noticias mundiales. Pensando que abrumante es la cantidad de noticias violentas y que las noticias que son alegres son menos preciadas por su apatía. Por un disgusto que le hace pensar que todo es una broma y que nada va en serio. Pero que intranquilo está su pensamiento y apenas son las 8 de la mañana.
Se sentía avanzando en las cortinas, descubriendo que la habitación es más pequeña de lo que la recordaba, pudiendo parar a recordar lo que eran esos rincones prefirió ordenarlos. Los sacudió y con el polvo se le fueron las memorias. No se tiran los recuerdos, se atesoran.
No había estado tan cómodo de leer artículos científicos en las mañanas con café caliente y escudriñando en las noticias mundiales. Pensando que abrumante es la cantidad de noticias violentas y que las noticias que son alegres son menos preciadas por su apatía. Por un disgusto que le hace pensar que todo es una broma y que nada va en serio. Pero que intranquilo está su pensamiento y apenas son las 8 de la mañana.