Sí, estoy haciendo mi horario.
En la universidad no puedes ser deportista y buen
estudiante al mismo tiempo. Porque en México las cosas son raras, son un dolor
de nalgas.
No quiero decir nada sobre la UNAM, no puedo
bajarla del pedestal que le otorgue cuando entre a la preparatoria. Quiero
decir, porque no puedo tener un horario decente y entrenar dos días a la semana
sin tener que hacer travesías heroicas o permanecer días enteros en la escuela.
Sin sacrificar materias porque los cuatro profesores que hay son malos y
compiten entre ellos por ser los peores. No me puedo meter en un solo horario
porque puedo escoger a mis profesores, pero qué ventajas tiene eso, si los de
generaciones anteriores tienen preferencia. Nunca voy a tener una escuela, y si
la tengo, procurare hacer los horarios a plena luz del día, sobria y
evitando usar las nalgas para acomodarlos.
Le voy a pagar a los maestros porque den clases
en jueves o viernes y no en pinche sábado.
Ojalá nunca tengan hijos que quieran estudiar y
ser deportistas, que sean cerebritos, si eso es mejor.
Quiero cambiar el mundo y no puedo cambiar mi
horario, no sé qué tipo de drama estoy haciendo en esta vida.
Por qué tiene que ser todo tan difícil, cuando
quieres hacer todo. Maldecir es una mínima satisfacción, en serio, mínima.