Aquí las cosas son extrañamente familiares.

La comida está insípida pero rica. Los muebles son rústicos pero muy bonitos, todo el ambiente se siente viejo, silencioso y apenas puedo sentirme cómoda. Incluso la temperatura de todos los cuadros es más cálida. La atmósfera se inunda de infancia, de risas y de juegos que no distingo bien porque la luz es tenue, las bombillas están empañadas y apenas alumbran las habitaciones. Me siento en mi casa pero no en mi hogar.
Es como si en esta casa no pasara el tiempo, y si pasa se desliza lentamente por debajo de las puertas de madera gruesas y de chapas negras. Los relojes están detenidos, algunos marcan las siete, otro las 4 pero todos en horas exactas, es raro, me hace sentir encapsulada en distintas horas exactas.
Hay tantos espejos que no podría contarlos todos, algunos no han visto el reflejo de alguna persona en meses y es difícil descubrirlos. No sé si son necesarios pero junto a ellos las maletas hacen juego insinuando cuanto tiempo han pasado también ahí, sin haber sido utilizadas ni mucho menos transportadas. Hicieron un viaje de salida y después se amontonaron en los rincones del último piso de esta casa.
Como si el mundo se hubiera volteado dentro del cuarto de la sala, se pueden encontrar alfombras de oriente hechas a mano y con dedicación, sobre las que se acomodan muebles de  occidente fabricados y ensamblados en oriente y más caros que los otros, en las paredes la mezcla es más perturbadora, los cuadros de pinturas japonesas junto a posters franceses disparejos, no encajan en absoluto. Algunos símbolos clásicos mexicanos como recuerdos de playas, junto a unas botellas de cerveza americana encima de una repisa donde la literatura es lo más homogéneo que se puede encontrar en la habitación. El librero es tan largo que ocupa una pared completa, tiene títulos clásicos, pero el autor más abundante es Marx y el tema protagonista la Economía.
Todo está diferente a como lo recuerdo pero aun así me es tan familiar, tal vez sea el espacio el que no ha cambiado, tal vez existe la esencia de mis memorias impregnadas en los muros o solo es que mi memoria está jugando con mi mente.