Me gusta exagerar.
Tuve la semana más culera del año. Tuve todos los exámenes que no tuve a lo largo del semestre y los días de veinte y cuatro horas no eran suficientes para estudiar o por lo menos no me parecían suficientes a mi. Discutí con toda la familia porque les parece muy fácil la vida de estudiante, me desgaste verbalmente por tratar de hacer entender a mi inepto equipo de trabajo, que teníamos que entregar los trabajos o sino los iba a ejecutar. Me desgaste mentalmente como todas las mañanas con la población mexicana.
Mi dentista me ajusto los brackets un martes por la tarde y el dolor me provoco migraña, no disminuyo hasta el viernes. Me contagie de alguna especie de virus que relleno mi nariz de mocos y me provocó más dolor de cabeza, y eso no se llama gripe porque yo no me sentía de la chin-ga-da sino lo que le sigue. Sumándole a todo esto, llego mi estúpido e inútil periodo. No dormí, no comí, no jugué, no bebí, no salí más que a la escuela, no hice nada que no fuera leer, fumar, y tratar de memorizar.
Quien haya dicho que iba a estudiar geografía porque "está fácil". Es un completo y reverendo ignorante.
Pero todo esto valió la pena, porque mis calificaciones fueron buenas, me di cuenta que mis dolores de cabeza son hermosos pretextos para ser grosera y no tener que hablar con las personas. El extraño virus que me ataco sucumbió ante los poderes medicinales de la cerveza, momentáneamente, pero fueron las cuatro horas mas felices de mi inicio de fin de semana.
¿Que, qué voy hacer en vacaciones?
Primero me voy a dedicar a dormir, dormir y dormir por una semana entera. La siguiente semana voy a comer, comer y comer. Luego de esas semanas de recuperación intensiva, voy hacer diferentes actividades lúdicas y recreativas, conoceré las letras de los libros que a mi me apetezca leer y lo mejor de todo es que ¡no iré al dentista hasta el próximo año! Voy a descansar un mes completito de ella y de nuestra destructiva relación. Y me voy a largar a la playa, a ver si con suerte me convierto en espuma.
Cuando me dijeron que el fin del tercer semestre era el más difícil porque las materias son puras ciencias duras, olvidaron mencionar que incluía una enfermedad irremediable, cólicos extremos, discusiones absurdas e interminables y que los días se reducían a instantes, insuficiente para estudiar.
Es el problema de nunca leer las letras chiquitas.