Ya lo sabía
Sabía que
un día iba a extrañar a los Reyes Magos, en realidad no ha ellos sino a las
pocas letras que dejaban escritas en mis cartitas llenas de brillitos y
coloreadas con crayones de cera.
Extrañaría la emoción de ver aparecer juguetes,
ropa, zapatos, dulces y otras cosas debajo de un árbol sintético que se quedaba
encendido toda la noche para que los tres individuos que llegaban no chocaran
con algún mueble de la sala. Los extraño no porque ya no lleguen obsequios sino
porque ya no son sorpresa, ahora yo compro lo que quiero y así me gusta, pero extraño
emocionarme con la ilusión de que unos individuos ajenos a mi vida diaria sabían
lo que quería y además de todo me escribían y respondían mis cartas, enseñándome
cosas importantes. Les hacía más caso a ellos que a mis padres porque como buen
niño quería ser reconocida y premiada por mi buena conducta. Era una ñoña, ya
sé y lo sigo siendo aunque ahora con menos ilusiones.
Todo sabe a nostalgia.